Mi querido abuelo:

Dentro de unos días se cumplirán 29 años que realizaste el viaje a una brillante y preciosa estrella del firmamento. Esa estrella que siempre brilla más que ninguna otra y que, siempre que la miro, me hace sentir lo cerca que sigues de nosotros a pesar del tiempo transcurrido.

Tú me enseñaste tantas cosas en mi niñez... Cientos de veces agradecí que viniérais a vivir a Barcelona, me explicabas tantas historias y me llevabas casi cada fin de semana de excursión a mostrarme algo diferente y a contarme la historia de ese lugar.

Tú, que nunca querías que la yaya te hiciera un bocadillo cuando íbamos a Montjüic, luego tenías hambre y compartíamos el mío mientras te reñía con cariño por no haber querido llevar uno para ti.

Tú, que me enseñaste el valor de las cosas pequeñas, a observar el mundo y a fijarme en todo lo que me rodeaba.

Tú, que venías de un pueblo de interior y te quedabas tanto rato observando el mar y por marchar a esa estrella no pudiste conseguir tu sueño de vivir y disfrutar estando cerca de él.

Tú, que cuando estabas enfermo por culpa de ese asma maldito, me dejabas meterme en tu cama a hacerte compañía y le decías a la yaya cuando protestaba, que me dejara estar.

Recuerdo tu manera peculiar de doblar la servilleta, con ese nudo tan bien hecho y sin arrugas, que luego yo hacía tantas veces en mi casa.

Recuerdo pasar horas jugando a cartas contigo, riendo. Jugabas sin trampas. Dejabas que aprendiera a ganar y a perder, como ocurre en la vida.

Recuerdo que siempre estabas leyendo e hiciste que la lectura fuera tan importante para mí que deseé ser escritora y firmar los libros con tu nombre y el mío enlazados.

Recuerdo cuando te peinabas ese pelo tan negro, casi sin canas. Siempre tan limpio, tan cuidado, tan señor...

Naciste en una época equivocada. Amabas demasiado el arte, hiciste teatro de joven, aprendiste a tocar la bandurria de oído, adorabas los libros, la cultura, pero eran tiempos difíciles.

Recuerdo cuando me explicabas cómo había que cuidar las plantas, y siempre que arreglo las mías pienso en ti e intento hacerlo como tú me explicabas.

Recuerdo el año que viniste de Barcelona a pasar las vacaciones con toda la familia a tu pueblo, la alegría que sentí y lo orgullosa de pasear por aquellas calles junto a ti, cogida de tu mano.

Recuerdo que mi madre me contó que cuando yo tenía 9 meses estabas muy malito y tuvo que marchar al pueblo. Aún no me conocías y me llevó para que pudieras hacerlo. Me dijo que te pusiste bueno de repente al verme. Doy mil gracias por eso, porque me permitió estar contigo durante mi infancia y pre-adolescencia.

Mi querido abuelo, cuántas cosas vividas contigo en tan pocos años que pude disfrutar de ti y cuántas me dejo por escribirte.

Tú, que viviste la guerra y a punto estuviste de ser fusilado, amabas la vida más que nadie, al final ese maldito asma pudo contigo y se te llevó.

Te echo de menos, pero miro esa estrella luminosa por las noches y sé que estás ahí, junto a tu mujer, mi querida abuela, pendiente de todos nosotros, cuidándonos y guiándonos de alguna manera.

Mi querido abuelo, sigues en mi corazón.